DE LA FP A LA “FPP” ¿QUIÉN SE ATREVE?

Tradicionalmente se ha considerado popularmente que la Formación Profesional tenía como objetivo básico el formar buenos “profesionales”, buenos técnicos, precisamente con el convencimiento de que ésta es la mejor manera de acceder al mundo laboral con garantías de éxito. Efectivamente, en su base y de forma parcial, coincidimos con tal planteamiento pero el mercado de trabajo ya hace tiempo está demandado algo más. Cada vez son más las empresas que nos demandan o que buscan de cara a realizar el módulo de FCT o el programa DUAL alumnos “vivos”, alumnos con “mano izquierda”, alumnos que ”se integren en el equipo de trabajo”, alumnos “con chispa”, “despiertos”, “con sentido práctico”, “ejecutivos” etc, entre otros muchos calificativos para denominar a esa parcela social de nuestros alumnos que los hacen precisamente “personas”, esto es, a las habilidades sociales, a las competencias sociales.

No cultivar en el aula esta esfera social del alumno, de la persona, sería tanto como reconocer que la vida en el aula transcurre a modo de “matrix” (como refiere nuestro compañero Victor) que dista bastante de lo que realmente pasa en la empresa real, puertas afuera del aula, y ello dificulta sobre manera esa transición de la vida escolar a la vida laboral. En definitiva disminuyen significativamente las probabilidades de inserción laboral de nuestros alumnos.

Una de las acepciones más completas de la RAE sobre la palabra “profesional” es: “Que ejerce su profesión con capacidad y aplicación relevantes”. Pues bien, ¿Alguien piensa que se puede ejercer una profesión con “capacidad y aplicación relevantes” sin acreditar un mínimo de habilidades sociales?; ¿Qué futuro le depara a un administrativo desorganizado?; ¿Qué será del comercial no orientado hacia la atención al cliente?, ¿Y el trabajador de producción incapaz de entenderse con sus compañeros?

Además, no se puede perder de vista que la propia LOE en sus artículos 5, 39,2, 40 y RD 1147/2011, de 29 de julio, por el que se establece la ordenación general de la formación profesional del sistema educativo, en su artículo 3, y concordantes en ambos casos, tratan la necesidad de trabajar y consolidar este tipo de habilidades o competencias sociales.

¿Y si empezamos a cambiar el concepto “FP” por el concepto “FPP” (formación profesional y personal)?. No parece extraño ni descabellado atender a esta demanda del tejido empresarial máxime si le confiamos incluso la impartición de parte de los contenidos del currículo de los ciclos formativos en la modalidad de FP dual armonizada.

¿Queda camino por recorrer? Si; ¿Estamos en el camino? También, si las administraciones competentes apoyan.

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