LAS HABILIDADES SOCIALES, UNA HERRAMIENTA PARA LA EMPLEABILIDAD

Prof. Dr. José Antonio Ruiz Hernández – Director del Servicio de Psicología Aplicada de la Universidad de Murcia (www.um.es/sepa)

Las habilidades sociales han sido definidas como aquellos comportamientos eficaces en situaciones de interacción social, que nos permiten comunicarnos de forma verbal y no verbal con otras personas. Son útiles a un objetivo, como la defensa de nuestros derechos, o la expresión de nuestras emociones.

El término “habilidades sociales” tiene una serie de implicaciones. En tanto que “habilidades” supone, por una parte, que hay un cierto grado de competencia que descansa sobre aspectos biológicos, pero muy especialmente, sobre procesos de aprendizaje vital. A lo largo de nuestra vida, las habilidades sociales se han ido desarrollando de manera natural. Por otra parte, al ser habilidades que se aprenden pueden ser enseñadas de manera formal. En este sentido, la psicología ha desarrollado procedimientos de aprendizaje de las mismas y ha demostrado contundentemente su utilidad para mejorar la vida de las personas. 

En tanto que “sociales”, han sido aprendidas en contextos sociales y la mejora de las existentes o la adquisición de nuevas, requieren de un entrenamiento social. No es suficiente leer en un libro cómo hacerlo. El uso de modelos de competencia, el role playing y el feedback sobre la ejecución del estudiante, son claves.

Las habilidades sociales han demostrado tener un fuerte impacto sobre la empleabilidad. Se ha llegado a decir que nuestro curriculum es el que nos consigue la entrevista de trabajo, pero son nuestras habilidades sociales las que nos dan el trabajo. Por ello, la evaluación y el entrenamiento en habilidades sociales, deberían ser contenidos transversales en los estudios del alumnado de Formación Profesional porque pueden ser las que marquen la diferencia entre conseguir o no un trabajo. Los empleadores, a igualdad de méritos e incluso por encima de éstos, cada vez más valoran las habilidades de los solicitantes de empleo, para, por ejemplo, respetar las opiniones de los demás, saber trabajar en equipo o gestionar las emociones e impulsos. También el profesorado, en tanto que serán los responsables de su entrenamiento y fundamentales para el llamado “modelado máster”, se beneficiarían de un entrenamiento y perfeccionamiento de sus habilidades sociales. Son los modelos que el alumnado de Formación Profesional seguirá y, por tanto, deberían tener excelentes habilidades sociales.  

Se ha estructurado las habilidades sociales en dos grandes categorías: Básicas (fundamentalmente relacionadas con la comunicación, como saber escuchar y hacer preguntas, dar las gracias, iniciar y mantener una conversación, presentarse, saber despedirse, hacer cumplidos, etc); y complejas (como saber pedir ayuda, admitir la ignorancia, afrontar las críticas, pedir disculpas, convencer a los demás, tener sentido del humor, etc). ¿Son todas las habilidades sociales igual de necesarias? ¿Requiere un comercial de las mismas habilidades sociales que un administrativo o un operario? Evidentemente, no. La evaluación y entrenamiento en habilidades sociales específicas para cada perfil laboral es una interesante propuesta para mejorar la empleabilidad de los alumnos de Formación Profesional. Esperemos que proyectos de innovación educativa como el impulsado por el CIFP Carlos III de Cartagena tengan mucho éxito. Nuestras felicitaciones por la iniciativa desde el Servicio de Psicología Aplicada de la Universidad de Murcia.

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