¿Y AHORA QUÉ? EL PROPIO MÉTODO PRESCRIBE “A FUTURO” EL ENTRENAMIENTO DE LAS HABILIDADES SOCIALES DEFICITARIAS DE LOS ALUMNOS DE FORMACIÓN PROFESIONAL.

Una vez constatado, como se ha indicado en la entrada anterior, que todos los alumnos colaboradores han incrementado su IPIL -índice de probabilidad de inserción laboral en atención al nivel de habilidades sociales-, unos de forma más significativa que otros, cabe plantearse si su proceso de entrenamiento ha de concluir o bien el método diseñado ofrece alguna otra prestación que permita mejorarlas a futuro.

En este sentido, se ha de indicar que el método diseñado ha previsto la oportunidad y conveniencia de indicar, a partir del IPIL final (tras las sesiones de entrenamiento que se hayan considerado oportunas) las habilidades sociales que cada uno de los alumnos colaboradores ha de seguir entrenando para alcanzar el nivel de IPIL mínimo, “valor mínimo” que para su perfil profesional se concreta en el propio método mediante la ponderación de los valores aportados por los propios alumnos, sus profesores-tutores y, con distinguido valor, la empresa colaboradora. Es decir, el propio método prescribe tanto las habilidades sociales que cada uno de los alumnos necesita seguir trabajando por no haber alcanzado el nivel mínimo de las mismas, a la vez que recomienda los instrumentos o herramientas para realizarlo. 

El techo competencial o “valor ideal” de cada una de las habilidades sociales es el parámetro rector a que tiende en última instancia el entrenamiento de las habilidades sociales que “sugiere” el método.

Concretando dicho planteamiento a la prueba piloto en la que se ha experimentado con el referido método ha resultado que:

1º.- En mayor o menor medida, los tres alumnos colaboradores, tras el entrenamiento a que han sido sometidos, necesitan seguir entrenando algunas de sus habilidades sociales.

2º.- Los tres alumnos colaboradores, han conseguido alcanzar el nivel mínimo reseñado por el método de alguna de las habilidades sociales que han entrenado. Así, el alumn@ con perfil de “producción” inicialmente debía entrenar 11 de las 13 habilidades sociales analizadas, y tras el entrenamiento resulta que le restan por entrenar 6 de ellas. El alum@ con perfil comercial debía entrenar inicialmente 10 de 13 y tras el entrenamiento debe seguir trabajando 9 de ellas. Finalmente el alumn@ con perfil de “administración” debía entrenar inicialmente 9 de 13 habilidades, y tras el entrenamiento debe seguir trabajando 3 de ellas.

3º.- Existe una evidente relación de causalidad entre el entrenamiento de las habilidades sociales de los alumnos y el aumento del nivel de las mismas.

4º.- Los datos apuntan a la hipótesis de que un aumento de las sesiones de entrenamiento de las habilidades sociales de los alumnos, o bien de su duración, y a poder ser de manera presencial, seguiría mejorando su IPIL.

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